El Cristo de los Endemoniados de Calatorao: Exorcismos masivos y los "trenes del misterio" en Valdejalón

El Cristo de los Endemoniados de Calatorao


Cada 14 de septiembre, coincidiendo con la festividad de la Exaltación de la Santa Cruz, la villa de Calatorao se convertía en el escenario de uno de los fenómenos más inquietantes y multitudinarios de Aragón. Durante generaciones, miles de personas llegaban en trenes especiales no solo por fe, sino para presenciar algo escalofriante: los exorcismos públicos ante la imagen del conocido como "El Cristo de los Endemoniados".

Pero, ¿dónde nació esta oscura fama y qué ocurría realmente en las puertas del templo?

El origen del milagro: La Espina Sagrada y "El Tostado" (1739)

Para entender el origen de esta creencia hay que remontarse al siglo XVIII. El dominico Padre Faci, en su célebre obra "Aragón, Reyno de Christo, y Dote de María Ssma" (1739), dejó constancia de un hecho insólito.

Ocurrió cuando Mosén Antonio Pascual y López limpiaba el polvo de los brazos de la sagrada imagen del Cristo. Al sacudir la toalla, esta se enganchó en la corona y una de las espinas cayó sobre el altar. Viendo aquello, el doctor Falcón, médico de Calatorao, y el propio párroco decidieron repartirse tan santa reliquia.

Detalle espinas Santo Cristo Calatorao

Años más tarde, hallándose Mosén Antonio en la villa de Sos, fue reclamado para visitar a una mujer agonizante a la que consideraban "maleficiada" (poseída). Al aplicar sobre la cabeza de la enferma un relicario con el fragmento de la espina del Cristo de Calatorao, ocurrió lo impensable: la mujer, que parecía difunta, dio un salto sobrenatural y se puso en pie en mitad del aposento.

Sorprendido, el cura de Sos procedió a conjurar al espíritu maligno para que revelase qué había en aquel relicario. El demonio, según recogen las crónicas, respondió entre blasfemias:

"Hay dentro una espina de aquel tostado de Calatorao".

Aquel calificativo de "tostado" hacía referencia, a modo de desprecio, a la tonalidad oscura de la talla en madera del Crucifijo, una característica que aumentaba la devoción y el respeto entre los fieles.

El ritual del 14 de septiembre: Ropas arrancadas y objetos "malditos"

A partir de aquel suceso, la voz se corrió por toda la comarca y la región: el Cristo de Calatorao tenía el poder de expulsar a los demonios del cuerpo.

La creencia popular dictaba que el día de la festividad de la Cruz era el momento en que la imagen libraba a los poseídos de sus tormentos. Aunque acudían hombres, la tradición señala que afectaba mayoritariamente a mujeres. Durante los ataques y convulsiones en el templo, se creía que el demonio abandonaba el cuerpo materializándose en prendas que las víctimas se arrancaban violentamente: zapatos, calcillas, pañuelos de la cabeza o corsés.

Cualquier objeto lanzado por las "endemoniadas" era visto con absoluto pánico por la multitud congregada, pues se pensaba que en él se encontraba encerrado el espíritu maligno que acababa de salir.

Los "Trenes de los Endemoniados" (1880 - 1950)

Tal fue el volumen de devotos, curiosos y enfermos que acudían a la localidad que, con la llegada del ferrocarril hacia 1880, la compañía ferroviaria comenzó a fletar trenes especiales cada 14 de septiembre con destino a Calatorao.

Recorte recuperado Trenes Endemoniadas a Calatorao

Investigadores como Prudencio Moreno, en su obra de 1883 "Apuntes histórico-críticos sobre la Imagen del Santísimo Cristo de Calatorao", ya documentaban cómo esta impactante costumbre crecía año tras año. Esta peregrinación masiva se mantuvo viva durante el primer tercio del siglo XX y perduró hasta la década de 1950, momento en que finalmente se suspendió el servicio ferroviario especial.

La crónica de la época: Pánico e histeria en 1919

Las crónicas periodísticas de la época reflejan fielmente el ambiente de sugestión y tensión que se vivía en las calles de Calatorao. El diario Heraldo de Aragón, en su edición del 15 de septiembre de 1919, describía así lo vivido a la salida de la parroquia:

"Al salir de la iglesia una enemigosa cae a nuestro lado, la cual, después de unas raras convulsiones, como si sufriera un ataque de epilepsia, es retirada por varias personas. Al retirarla, la pobre mujer perdió el pañuelo, formándose alrededor de éste un corro, sin que nadie se atreviera a recogerlo. Aquel pañuelo tenía los enemigos."

El legado del misterio en Valdejalón

Hoy en día, las explicaciones médicas y sociológicas atribuyen estos episodios a estados de histeria colectiva, epilepsia o sugestión popular en una época marcada por la devoción ferviente. Sin embargo, el fenómeno de los "endemoniados de Calatorao" constituye uno de los capítulos más fascinantes del folclore y la memoria histórica de la comarca de Valdejalón.

Endemoniadas Bailando en Calatorao

Un tiempo en que los trenes llegaban cargados de misterio y en el que las calles de Calatorao contuvieron el aliento ante la eterna lucha entre la fe y lo desconocido.

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