Las sombras del Palacio del Conde de Aranda en Épila: Entre el mito, los pasadizos y los enigmas de Valdejalón

Bajo las calles y el suelo arcilloso de Épila se extiende una de las redes subterráneas más fascinantes de toda la comarca de Valdejalón. Durante generaciones, cuando las noches de invierno traen el cierzo helado a la villa, en los hogares se ha hablado de reuniones secretas, ritos en la penumbra y túneles ocultos.

El foco de estas historias siempre ha apuntado al mismo lugar: el grandioso Palacio de los Condes de Aranda. Pero, ¿dónde termina el folclore popular y dónde empieza la realidad de nuestros enigmas locales? Hoy descendemos a la historia para separar el mito de la verdad.

El enigma del X Conde de Aranda: ¿Político o líder de sociedades secretas?

Para entender el aura de misterio que envuelve a Épila es imprescindible hablar de Pedro Pablo Abarca de Bolea y Ximénez de Urrea (1719-1798), X Conde de Aranda. Militar, diplomático en París y hombre fuerte de Carlos III, fue una de las mentes más brillantes, poderosas e incomprendidas de la Ilustración española.

A su regreso de Francia, el Conde trajo consigo ideas revolucionarias. Para el pueblo llano de la época, receloso del cambio, y para sus enemigos políticos, aquellas luces del conocimiento resultaban oscuras y sospechosas. Durante todo el siglo XIX cobró fuerza una leyenda: que Aranda era el Gran Maestro de la masonería en España y que celebraba juramentos sobre espadas e insignias esotéricas.

¿Qué dice el misterio real? Historiadores de renombre como el catedrático José Antonio Ferrer Benimeli han escudriñado los archivos de medio mundo demostrando que no existe una sola prueba documental de que Aranda fuera masón. La verdadera intriga radica en cómo sus opositores crearon este mito para desacreditarlo. Aranda era un ilustrado, noble católico y absolutista, pero la sombra de la sociedad secreta quedó grabada para siempre en la memoria de Valdejalón.

El pasadizo del Palacio: El secreto no estaba bajo tierra

La arquitectura del Palacio condal —declarado Monumento Histórico-Artístico en 1931 (actual Bien de Interés Cultural)— esconde soluciones de otra época que alimentaron el mito del túnel de escape.

La tradición oral hablaba de un pasadizo subterráneo que cruzaba la villa hasta el convento de San Diego para burlar a los vigilantes de la corte. Sin embargo, el secreto arquitectónico del palacio es mucho más singular:

  • Un paso en las alturas: No se trata de un túnel subterráneo, sino de un pasadizo elevado sobre arcos que comunica directamente el palacio con la iglesia del Convento de la Concepción (Concepcionistas).

  • El acceso reservado: Este pasaje permitía a los condes acceder al templo de forma discreta y privada, sin necesidad de mezclarse con la multitud ni pisar la calle. Un corredor envuelto en silencio que, visto desde el exterior, alimentó la imaginación de vecinos y caminantes.

El laberinto del subsuelo: Las entrañas de Épila

Si el pasadizo del palacio no era subterráneo, ¿de dónde surgen los relatos de galerías y túneles en el subsuelo?

La respuesta está en la propia tierra de Épila. El célebre Barrio de las Bodegas alberga un entramado laberíntico de galerías excavadas en el terreno arcilloso. Concebidas para la elaboración y guarda del vino, estas cavidades han mantenido durante siglos la humedad, la penumbra y el eco característicos de las profundidades.


Para los viajeros de la época y la gente del campo, ver luces al anochecer o escuchar ruidos ahogados bajo la tierra era suficiente para imaginar conspiraciones al margen de la ley. La necesidad de discreción de los ilustrados hizo el resto: la labor vinícola terminó fundiéndose con las fábulas de brujería y sociedades secretas.

Un legado de luces y sombras en Valdejalón

Hoy en día sabemos que la red subterránea de Épila responde a la arquitectura agrícola y bodeguera tradicional, y que el pasadizo del palacio volaba sobre la calle y no bajo ella. Sin embargo, despojar al Palacio de Aranda de sus invenciones no le resta ni un ápice de encanto.

Caminar junto a sus muros centenarios en una noche fría sigue evocando la figura de un Conde poderoso que desafió a su tiempo, y de una villa que aprendió a tejer sus propios misterios en la penumbra.


¿Conocías la vinculación del Conde de Aranda con las sociedades secretas del siglo XVIII?

¿Te contaron de pequeño alguna leyenda sobre bodegas o túneles ocultos en Épila?

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